Gualaceo, Azuay (1949). Licenciada en Ciencias de la Información
(Universidad de Cuenca).
HERMELINDA
Sus plantas surcadas de callosidades se habían transformado
en firme calzado, que no se resentía con las afiladas
piedras del camino.
Llevaba Doña Hermelinda una enorme carga de paja toquilla
sobre la espalda, y en las manos un sombrero a medio tejer.
Más allá, a ambos lados del camino, la propaganda
de mil colores anunciaba el oro y el moro de los candidatos,
las maravillas que ofrecían: pan, empleo y jubilación
incluida. Los ojos de la Hermelinda brillaron por unos instantes
al intentar leer tantos ofrecimientos, mas, luego, su mente retrocedió
los años, las décadas, y notó que aquellos
papeles sólo habían cambiado de color...
Por fin llegó a su casa de adobe, al otro extremo del
pueblo, cerca de la loma de la Virgen de los Remedios. Se sentó
en la silla vieja que compró en el mercado en tiempos
inmemorables, cuando una moneda en su bolsillo valía bastante.
Reinició el tejido milenario de aquel sombrero que había
de terminar a la madrugada, hora precisa para volverlo más
terso y brillante. Una tos seca le hizo encorvar más la
espalda, y una extraña nube empezó a empañar
sus ojos, al atisbo del crepúsculo...